Te dejé en Montparnasse en la entrada anterior. Aún nos quedan por delante más de 1000 escaleras por subir, colas que soportar, collejas por dispensar, y muchas cosas por aprender, como por ejemplo que estos niños son unos blandos y que el profe les adelanta en todas las escaleras y que todo el rato "Luis, cuánto queda que estoy mu cansaaaao" (con esto hago justicia al poco riguroso comentario de Roberto de la anterior entrada).
Si desde Montparnasse te pillas el bus 82 pasas por delante de los Inválidos para decirle a los chicos que ahí está enterrado Napoleón, y te plantas en un plisplás en los Champs de Marne, que dicho así quizá no te diga nada, pero tienes enfrente el andamio gigante más visitado del mundo: Tour Eiffel.

No siempre pasa, pero a veces aparece un familiar becado en París que nos acompañará de guía. Hoy a la expedición se suma otro Clemente, Rodri . Mohcine se presta voluntario para una arriesgada misión: flanquear las tropas enemigas para atrincherarse en las temibles e interminables colas de acceso a la taquilla, es decir: pa colarse (esto - niños que nos leen- no lo hagáis nunca, en nuestro caso esta totalmente justificado porque no tenemos tiempo, por tanto es un claro ejemplo"incivismo por fuerza mayor"). Cuando te quieres dar cuenta estás subiendo las 700 escaleras hasta el segundo piso de la Torre para luego pillarte el ascensor hasta la cima. La vista es magnífica, grandiosa, espectacular... "si escupes desde aquí matas a alguien", enfin cada uno es muy libre de tener sus propias sensaciones, también Víctor.

Por el camino al Arco del Triunfo una chica se ofrecerá gustosa para echarnos una foto a todos juntos. Si Jorge la hubiese escuchado hablar seguramente hubiese pensado que era sudamericana y no hubiésemos tenido que oir (avergonzaitos) mientras nos hacía la foto: "joer, qué buena está la (...) china" (versión dulcificada para no herir susceptibilidades). En su castigo, aparte de la colleja, vino una rumana y le quitó la cocacola que se acababa de comprar.
No sé si los vais a distinguir en la foto, pero ahí están encima del Arco. Míralos gozando de las mejores vistas, en mi opinión, de Paris.

Ahora al Metro, que hay que ir hasta Nôtre Dame. Algunos la conoceréis por ser la Catedral de París, otros por ser el escenario de la peli del Jorobado de Nôtre Dame. Sin darte cuenta ya estás encaramándote a lo más alto para fotografiarte entre las gárgolas, meterte en el campanario, y sufrir 300 escalones interminables de angustiosa escalera de caracol.
Por la orilla del Sena descubres que puedes comprarte una boa constrictor o una mantis religiosas en una cajita, afortunadamente se decantaron por "souvenirs" más convencionales. Y entre bichos y coches que tiran motos se te hace más entretenida la caminata. Ya está Rodri explicando que lo que tienen delante fue Palacio Real, y "¿para qué quería Napoleón III un palacio tan gigantesco?", pues para meter a la Gioconda y otras cosinas más y convertirlo en el museo más prestigioso de Francia: estamos en el Louvre.

Si en una plataforma pequeñita se intentan subir cinco tios, enseguida vendrá la choni de la despedida de soltera para quererse amarrar a los mozos,´mírala que feliz entre tantas manos.
Un paseito por las Tullerias nos lleva a mirar el reloj, hay que volver a Montparnasse.
"¿París en un día?, imposible", oiréis decir a muchos turistas... pues aquí lo tenéis, os dice un viajero.